DISPONIBLE EN

GL
EN
ES

CONTACTAR

ACERCA DE LOIA



Actitudes lingüísticas

Las actitudes lingüísticas son las opiniones, ideas y prejuicios que tienen los hablantes con respecto a una lengua. Por ejemplo, se suele afirmar que para el aprendizaje de una lengua resulta positivo tener una buena actitud hacia ella. Tradicionalmente, en Galicia se consideraba que el gallego era una lengua que no servía para ciertas actividades o que era una lengua que no se les debía enseñar a los niños. Con el paso de los años, las actitudes fueron cambiando, siendo cada vez más difícil encontrar manifestaciones abiertamente hostiles hacia el gallego.

En general, los gallegos tienen una buena actitud hacia su lengua, especialmente las personas más jóvenes.

La inmensa mayoría (72%) opina que se les debe enseñar a los niños las dos lenguas y un 21,4% cree que sólo se les debe hablar gallego.

Algunos estudios revelan que el gallego, y el idioma en general, juega un papel discreto en la identidad de los jóvenes.

Sumario

1. En general, unas buenas actitudes hacia el gallego

La fuente de datos principal para conocer las actitudes lingüísticas de los gallegos es también el Mapa Sociolingüístico de Galicia. En él, se hacía un cálculo complejo para obtener lo que se llamaba “actitud lingüística general” que consistía en poner en relación una serie de preguntas sobre aspectos de la identidad, de la utilidad y los prejuicios que los entrevistados relacionaban con el gallego. El resultado fue muy positivo, por lo que podemos afirmar que en general, los gallegos tienen una buena actitud hacia su lengua, especialmente los jóvenes.

Para ilustrar de modo más pormenorizado esta realidad veremos las respuestas para algunas preguntas concretas. Por ejemplo, en una situación donde hay dos lenguas que conviven, como es el caso de Galicia, es muy importante saber qué opinan sus hablantes sobre la utilidad de ambas. En este trabajo se le preguntaba a los entrevistados si creían que el castellano servía más, menos o igual que el gallego. El resultado fue que el 57, 3% de la muestra pensaba que tenían la misma utilidad, mientras que el 31,3% daba su opinión a favor del castellano.

También se les preguntaba sobre cuál es la lengua que deberían hablar los gallegos. Los resultados se representan en la siguiente gráfica:

Como vemos, la mayoría de los gallegos piensa que deben hablar gallego, seguido de los que opinan que deben hablar dos lenguas (40%). Los que creen que deben halar exclusivamente castellano constituyen un porcentaje mínimo.

Otra opinión positiva es la que expresan los hablantes cuando se les pregunta por la lengua que se les debe hablar a los hijos, donde la inmensa mayoría (72%) cree que se les deben enseñar las dos lenguas y un 21,4% cree que solo se les debe hablar gallego. Los que optan por que se les hable castellano son muy pocos. Además, todos los indicadores que podemos relacionar con sectores pujantes en el futuro (clases sociales medias y medias-altas, habitantes de ciudades, juventud) optan en mayor medida por iniciar a los pequeños en las dos lenguas.

2. Un acercamiento más profundo a lo que piensan los jóvenes

Frente a este panorama positivo, otras investigaciones se han cuestionado por qué si existen unas actitudes positivas, especialmente entre los jóvenes, el gallego pierde hablantes de forma también más evidente entre el mismo grupo de edad.

De este modo, la misma institución que elaboró el Mapa Sociolingüístico de Galicia, la Real Academia Galega promovió un trabajo donde se hacía una investigación más profunda, sin utilizar cuestionarios, con hallazgos interesantes. Por ejemplo, se demostró que entre los jóvenes, sobre todo entre los que hablan habitualmente castellano, había unas actitudes más negativas de lo que cabía esperar. Los resultados revelaban que el gallego, y el idioma en general, jugaba un papel discreto en la identidad de la gente joven, que se valoraba negativamente a los que cambiaban de lengua habitual, que estaba generalizada una percepción que consiste en atribuirse unas competencias lingüísticas en gallego menores de lo que se constataba en la realidad o que estaban extendidos unos prejuicios que atribuían estereotipos negativos a los gallego-hablantes. El trabajo, no obstante, recogía también aspectos positivos, como una ideología muy favorable a la diversidad lingüística y al plurilingüismo y una constatación de la mejora del prestigio social del gallego.